jueves, 25 de marzo de 2010

Gorda Glotona!


Eran las 10 de la noche. Acababa de terminar de comer una pechuga de pollo horrenda. No quiero parecer una desagradecida ¿pero existe en el animal algo más triste o seco que esta parte de su cuerpo? 
Me acomodé, como cualquier gorda que termina de comer: en el sillón con el almohadon sobre la panza. Estaba lista para ver ciega a citas cuando me di cuenta que no estaba realmente feliz con lo que había comido. Necesitaba algo dulce que me pudiera hacer olvidar la angustia. ¡Chocolate! pensé, me levante como un perro detrás de su huesito escondido y me dirigí al sitio prohibido-mi novio lo llama el placard de tu mama- lo que no sabe mi novio es q de vez en cuando lo compartimos jiji!
El nombre real es "secreter", ese tipo de muebles que está conformado por una puerta que se abre para abajo y queda colgando en forma horizontal. Luego tiene tres cajones debajo, los cuales se abren de forma corriente.
En ese placard siempre hay algo rico escondido, tiene una llave de la cual soy esclava. Cada vez que la agarro, se convierte en la dueña de mi mente. La muy mal nacida me dice al oído: "usaaaame, usaaaame". Se complota con el placard que me insiste con tono ya mas elevado: "abriiime, abriiiiiiiime". Y yo obviamente ¿Qué hago? Lo abro...no voy a mentir.
Pero esta vez lo mas peligroso no fueron las calorías que estaba por ingerir si no el vacío hayado. No había ni siquiera un cacao vencido. Cerré la puerta del placard con toda mi furia, le di un giro a las llaves e intente abrir el cajón de abajo para ver si por ahí mi mama había cambiado de lugar el chocolate. Pero no sólo no había nada si no que BOOM! Se me cayo la puerta del placard arriba de la nariz, directa y estrechamente. Creo que nunca grite tanto!!!
Me encontré con una raya roja y profunda en el tabique, sin chocolate y con un programa empezado.
¿Y todo saben porque? Por gorda glotona.
.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Mr Grey

¿Que es un gris?
¿Un neutro?
¿Un ni?

¿Qué hacemos las personas que no creemos en los grises?
Muchos ignorantes creen que nuestro problema simplemente pasa por desviarse a un extremo o a otro; pero la cuestión de ese maldito color esta presente cotidianamente y no nos damos cuenta.

¿Que hacemos cuando el semáforo esta en amarillo? ¿Que significa? Por que el rojo y el verde esta claro. Ahora, el amarillo es confuso... siempre hay algún necio, soberbio que contestaría: "es una señal de tránsito para que empieces a frenar". Todo muy copado pero, en un país como Argentina eso es igual a "seguí que tenes dos segundos más". Entonces algunos frenan, otros siguen y otros chocan entre sí. Todo por ese doble sentido que no es ni una cosa ni la otra.

Cuando estas a dieta y te dicen "comete un bocadito, no te hace nada" ¿imaginense si tuviera esa actitud flexible todos los días de la semana?

Sos positivo o negativo, ¿como se puede creer que algo te puede salir normal? uno o esta contento o angustiado, ¿o hay días que te despertas y decís hoy estoy de un humor estable?

hay una cosa especialmente que me irrita: cuando te preguntan si estas enamorado, ¿Qué contestas? sí o no. Que es esa contestación contemporánea: "no sé lo que es el amor", el "estoy confundido", "no sé lo que me pasa". Uno está o no está, no se puede estar en dos lados al mismo tiempo ni sentir dos cosas diferentes. No se puede querer a dos personas, para querer por igual, el de arriba nos dio una mamá y un papá (que tampoco estoy segura que sea el caso)

Sin estar muy lejos, alguien le pondría al arte de su página web, aviso publicitario, afiche, folleto, el color gris de fondo?
Sí, si trabajas para una empresa de seguros o en un banco y ya entiendo por donde viene la mano.

El "mas o menos". No hay mas o menos, bienvenidos al mundo real ¡el mas o menos no existe! es un término inventado para los que no se animan a dar una respuesta contundente.

La postura política: creo que este punto no hay que explicarlo. O no entendes nada, o entendes todo. Si no queda la otra: hacerte el pelotudo. o bancas al gobierno o no lo podes escuchar.

Y estos son sólo factores comunes, que le pueden pasar a cualquiera, los que sufrimos el sindrome del blanco o negro lo padecemos.

lunes, 1 de marzo de 2010

What ever happens, happens for a reason...

“Creo que es este el momento para escribir un libro” pensó ella. ¿qué pasa cuando no sabemos que hacer con lo único que sabemos hacer? ¿qué pasa cuando la suerte no juega para nuestro lado de la cama? ¿qué pasa con la inseguridad constante? ¿la angustia crónica? ¿la simpleza infinita de querer ser feliz?
Las ideas van y vienen, son miles de proyectos que no se concretan, voluntad interminable para errar lo indescifrable, vulnerar de todo…hasta de vos mismo.
¿Qué pasa cuando todos confían en vos menos el otro yo? ¿Qué pasa cuando los talleres son más caros de lo que cobrás? ¿Qué pasa cuando ya no pasa nada y todavía no empezaste?
Querer hacer de tu carrera una victoria es prácticamente imposible en un país donde la intelectualidad esta mal cotizada. “¿Trabajar en radio? De hobby porque no cobras un mango...” “¿Ser escritora? Cuando tengas 40 y con un segundo trabajo”
Ahora, ¿y si no quiero trabajar por hobby?¿Y si quiero hacer de la miserable escritura mi vida? El verdadero complejo sale de uno mismo…
Todo, todo es un cliché –hasta la misma palabra lo és- un artista sin obra, un arte desperdiciado por su propia industria.

martes, 16 de febrero de 2010

La convivencia me hizo odiarlo

Levanto los párpados y me veo tirada en un somier, tapada con sabanas de seda, en el medio de un loft sostenido por paredes blancas. Me siento extraña, miro por el ventanal que me muestra una terraza atrapada por enredaderas y una hamaca paraguaya. Giro los ojos y mi mirada se queda en la cocina petróleo, veo una isla y sobre ésta cacerolas de acero colgadas en un barral. Contra la pared un pizarrón con la última receta del Gato Dumas escrita con tiza. Pero lo más asombrante: está limpia. Me pregunto si seguiré dormida y aquel hogar perfecto es sólo un sueño vago que no me deja despertar. Pero definitivamente no, no es el paraíso, es mi departamento cuando él no está.
Con Pablo nos pusimos de novios un 23 de noviembre mientras recibíamos el calorcito en Buenos Aires. Estábamos realmente enamorados, se supone que lo seguimos estando. El me decía pupi y yo le decía po, ahora nadie se dice nada. La relación de novios era perfecta, hacíamos el amor, nos convertíamos en pizza y después tasa, tasa cada uno a su casa. Nos extrañábamos todo el tiempo, las horas no eran suficientes. Hablábamos por teléfono todas las mañanas, medio días, tardes, noches, no sé como no hablábamos mientras dormíamos. Nuestra dependencia era exigente, pero al mismo tiempo nos dejaba un espacio para nuestras amistades, familia y mascotas. Digamos que era una libre tendencia a elegirnos.
Cumplimos 5 años juntos, teníamos 26 años de edad y con un trabajo estable cada uno. Pablo no dudo en proponerme ir a vivir juntos, yo casi me asfixio. La verdad que la idea me aterrorizaba, ¿qué venía después? ¿vestirme de blanco? ¿parir? ¿pelearme por quien les lava la cola?
A esa edad, más cerca de los 30 que de los 20, uno quiere ir para atrás, no para adelante. Pablo no era como yo, se ve que el quería ir derechito, sin escala ni desvíos. El asunto fue que tuve que sentarlo y explicarle mis razones, porque lógicamente él no entendía como yo no quería ir a vivir con él. Pablo pareció entender que yo me acababa de ir a vivir sola, necesitaba mis espacios para crear, para madurar, para conocerme de una u otra manera. En fin toda explicación que dan los hombres cuando no quieren compartir algo con las mujeres.
Cuando yo vivía con mis padres en Palermo, Pablo vivía en Lomas de Zamora entonces se quedaba a dormir en el cuarto de al lado . Cuando me fui de mi casa (al ser hija única), me mudé a un departamento cerca de ellos, por lo tanto lejos de él. Al principio, Pablo se volvía a su casa. Después con el tiempo se quedaba en lo de un amigo de él que vivía cerca mío. Ya a lo último se traía una bolsa de dormir y me decía que se iba ir a dormir al auto. Obviamente terminó en mi cama por tres semanas, dos meses, y finalmente un año. Durante el transcurso de éste último año se fue trayendo sus cositas, insignificantes para él, un mundo para mí. Ya saben, el cepillo de dientes, calzoncillos, maquinita de afeitar, de pronto tenía un cajón que le pertenecía a él .
El loft armonioso terminó siendo mi más grande pesadilla. Se suponía que debía disfrutar la etapa de vivir sola, pero resultó ser que esa etapa nunca existió. No entiendo cuál fue el exacto momento que permití que se venga a vivir conmigo; busco, rebusco en mi mente y veo la realidad convertida pero no la construcción.
Se supone que un hombre en la casa te da seguridad, protección, compañía, ayuda doméstica por decirlo en castellano. Ahora cuando se tienen que encargar de cocinar, lavar, secar, y limpiar, son obligaciones femeninas. Y las tareas que pueden llegar a considerarse masculinas tampoco saben hacerlas. Entonces ahora no sólo vivo con un animalito inservible, sino que tengo que cocinar, lavar y secar por dos. Las lámparas quemadas me las viene a cambiar mi papá, la canilla seguiría goteando si no fuera por mi abuelo, los tornillos faltantes los repongo yo y los electrodomésticos que se rompen los llevo arreglar también yo.
No hay nada que él pueda hacer más que rascarse el higo, su única responsabilidad (obviamente individualista) es su trabajo que lo usa como excusa para no hacer nada los fines de semana. Los sábados que yo solía tomar sol, ahora tengo que ir al supermercado; y cuando vuelvo con las bolsas no me ayuda con ninguna. Lo peor es cuando vengo de algún lado pensando en todo lo que le pedí que haga y seguramente no hizo. Llego al departamento y obviamente me encuentro con que yo tenía razón, ni siquiera descolgó la ropa cuando se largó a llover. Ahí enfurezco pero guardo mi bronca por dentro, mi rencor va creciendo y un día lo voy a dejar vegetal de tantos golpes que le voy a dar.
Sus domingos son un asco, todo el día enroscado en mis sábanas con Doritos y viendo la serie “Two and a Half Men” . Parase un zarrapastroso, un vago, un Homero que huele a donas. Ni hablar de las miguitas que deja, tan minúsculas que no las puedo levantar. Mejor, si fueran grandes se las haría tragar.
Cuando salimos a comer afuera con amigos o vamos algún cumpleaños, me gustaría quedarme en el departamento y disfrutarlo por unas horas. Pero siempre me termina convenciendo de que vaya con él, ya no vamos solos a ningún lado, ¡se duplicaron todos los eventos! Si antes me molestaba ir al cumpleaños de mi tía Enriqueta, ahora tengo dos tías mal orientas y dos días para pegarme un tiro. Lo más irónico de los programas compartidos es el momento de la torta, no por la torta en sí, de hecho las tortas me enloquecen el paladar. Lo que me enferma es que cuando yo ya tengo mi pedazo, que por cierto me lo sirven siempre chico, le ofrecen un pedazo a Pablo y él muy mal nacido contesta: “no gracias comparto con mi novia”. Ahora una pregunta: ¿con qué novia? ¿qué compartís? Me la quiero comer toda y solita. Ahora ya ni siquiera puedo comer una torta sin una cuchara ajena interfiriendo en mi camino.
Las pocas charlas que tenemos empiezan con “mi mamá me dijo…” todavía no logra aislarme de su complejo de Edipo. No me banco a mi suegra y él va creciendo similar a ella, ya hasta tiene sus mismas contestaciones de vieja ingrata.
Ya no lo admiro, ya no hago el amor, ya no me fumo un porro y me río. Al final mi día más feliz de la semana es cuando Pablo se va a jugar al fútbol con los amigos, porque no me jode, porque mi hábitat vuelve a ser mío.

¿Que pierde el mundo al perderme?

Querido futuro ajeno:
No tengo tiempo para detallar el lugar donde transcurre mi guerra, lo que les puedo decir es que resultó ser un lugar muy diferente del que imaginamos. La idea romántica que me consolaba del haber sido elegido, hoy se evapora en un rodaje de un guión sin género. Si alguna vez escucharon aquella frase que dice que el perdedor no se conoce hasta el final, promete una mentira que tuve el don de descubrir. El que pierde hoy soy yo, pero mucho más pierden los que vuelven habiendo ganado. El verdadero valor de la victoria se encuentra cuando se pierde y se logra recuperar; en ese caso ninguno se irá de esta batalla con triunfo alguno. Nosotros perderemos cosas del mundo, y viceversa, es una derrota triste pero compartida. En cambio ellos sólo dejarán acá lo que no quieren volver a llevar allá.
Si esta carta cae sobre manos contrincantes, pocas son las probabilidades que trascienda y llegue a su destino. Pero si llega, quiere decir que estas pavadas tienen sentido. Hay un soldado del equipo rival, quien juega a mi favor, se llama Humberto Gamberti. Con los muchachos le decimos “chusmeti”, en realidad es un tipo vicioso: necesita hablar de los demás compulsivamente. Lo más gracioso de chusmeti, es su generosidad, a través del lugar que nos deja ocupar en su vida sin que se lo pidamos. Esta vez le voy a jugar una apuesta a Gamberti, vamos a ver cuan lejos lleva mi carta si llega a encontrarla.
La sensación de una muerte cercana, crea la misma visión de un negocio perdido. Las personas se comportan idéntico, éramos un equipo ahora sólo somos cada uno por separado. La vida es como un escenario en el que nos subimos y disfrazamos de lo que no somos, acá en el infierno no hay duda que somos todos transparentes. Es triste saber que la verdadera esencia de las personas se descubre cinco minutos antes de tener que compartir lo que alcanza para uno. Mejor no aburro más con mis decepciones, un verdadero periodista no quiere publicar las crónicas de un cobarde. Las tropas asesinas, tan asesinas como nosotros, hoy nos darán un segundo papel: el de los asesinados. Como futura víctima, lamento no haber escrito más cartas pero agradezco que este mundo injusto me pierda. Para ustedes voy a ser el que les haga recordar la adrenalina que se siente al estar vivo, pero una noticia vieja al final del día. Seré un cliché que deprima, una lástima más de un mundo aferrado a la ignorancia del sufrimiento ajeno. Pero sin saber, me pierden a mí, un loco de la guerra y un amante de la ilusión del cambio. Yo soy una de aquellas personas que pensaba que iba cambiar el mundo con palabras. Que ironía la mía, me traicioné al aceptar venir acá y cambiar el mundo con mi muerte.
La tierra la pisan tantas personas, que cada una de ellas se transforma en un punto más perdido entre la muchedumbre. Quizás yo sea un punto más para algunos, pero por seguro seré una gran perdida para otros. Sin mí, esos otros no se volverán a reír sinceramente jamás; su ánimo afectará a otros y esos otros a otros. Entonces se encontrarán aquellos a quiénes yo significaba un punto más con los que aún muerto significo todo. Todos nos cruzamos en algún interés compartido, y lo que hoy no importa mañana puede ser historia.

martes, 15 de diciembre de 2009

ANGUS YOUNG

Nunca nadie va entender lo que yo sentía por Angus Young.
La primera ves que lo vi se esforzó para llegar a mí, y con sus ojitos me pidió que lo ayude.
Lo agarré y lo puse entre mis manos, quererlo me costó menos de lo que cuesta quererse a uno mismo.
Angus era muy pequeño, tenía la mitad del tamaño que la de sus hermanitos, todo indicaba que estaba enfermo.
La gente me decía que no me encariñe con él, pero yo no podía quedarme sin hacer nada, el me necesitaba y yo sola lo sabía.
Finalmente lo lleve a la veterinaria el problema eran los parásitos, lo estaban consumiendo por dentro.
Con paciencia y remedios logré que los bichos se alejaran de él, su ánimo mejoro e incluso empezó a comer. De noche lloraba y me despertaba, no me molestaba cuidarlo. Verlo jugar me dibujó una sonrisa inmensa en mi rostro, ¡mordía! como cualquier cachorro juguetón.
Cuando ya se encontraba estabilizado, empezó a toser, el síntoma ya no me gustaba. Mi presentimiento fue cierto: Angus tenía Moquillo.
El Moquillo es un virus el cual en la mayoría de los casos es mortal. Hay sólo un 10% que logran salvarse, mi pregunta es cuántas probabilidades existe de que Angus sea parte de ese porcentaje. Le compré un antibiótico, el cual no cura el virus pero le puede calmar la tos. Le cuesta respirar, duerme y no como nada en todo el día.
No puedo parar de mirarlo y pensar en que yo le prometí que lo iba a salvar…se que la culpa no es mía pero de todos modos me tortura la idea de que sufra.
Las personas suelen no entender mi relación incondicional con los perros, y ellos para mí son tan parte de mi vida como los humanos.
Angus es un cachorrito frágil e inocente, sólo pretende sobrevivir y pareciera que es mucho pedir.
En un mundo tan limitado yo lo encontré, ahora solo quiero salvarlo.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Como cortar (separarse) pacíficamente

Terminar una relación amorosa es un proceso complejo, el cual puede resultar doloroso en mayor o menor medida según el comportamiento de las partes. Separarse de una persona con la que estableciste ciertos códigos, compartiste momentos y te conociste íntimamente no es fácil para nadie. Sólo una persona exitista o fría puede pretender salir totalmente ileso de un corte. La realidad es que no hay instrucciones seguras de cómo cortar pacíficamente, sólo se cuenta con ciertas reglas de respeto que uno puede elegir cumplir o no. Estas reglas van a depender de dos cosas: una, del poder de decisión que tiene la persona que menos le importa el otro; dos, la actitud y posición que tome el otro frente a las decisiones que va tomar aquella persona que esta en superioridad.

La persona que menos le importa:

La persona que menos le importa, es la que menos le afecta abandonar la relación. En este caso no importa quien haya tenido la decisión de dejar al otro, importa las razones por las que se ha tomado la elección de cortar.
Hay ciertas cosas que deberá evitar realizar y costumbres que deberá abandonar para no lastimar al otro.

1)No llamarlo para ver como está, ya que esto lo confundiría.
2)No buscarlo por aburrimiento.
3)No estar con otra persona enfrente del otro, porque lo lastimaría o peor aún le haría creer que es intencional.
4)No concurrir a los mismos lugares que el otro.
5)No hablar con los amigos/as del otro sobre la relación que tenían o los sentimientos actuales.

La personas que más le importa:

La persona que más le importa el otro, es la que no quiere alejarse de la otra persona y mucho menos terminar la relación. En este caso no importa las razones que tenga para no querer separarse, importa la voluntad que tenga para aceptarlo.
Hay ciertas las actitudes que debe tomar hacia el otro, pero sobre todas las cosas hacia uno mismo.

1) Llorar y hablarlo con las personas que considera más cercanas.
2) Realizar el duelo correspondiente
3) Evitar actitudes como no comer, fumar y tomar alcohol.
4) No buscar desesperadamente una persona que llene el vacío que dejó el/la otro/a.
5) No martirizarse con las canciones que escuchaban juntos o leyendo cartas viejas.
6) No averiguar de las actividades diarias, estado civil, palabras del otro.
7) No ponerse en situación de victima frente al otro.
8) No llamar al otro llorando pidiendo que vuelva, ni mandarle cartas o regalos.
9) En lo posible no frecuentar los mismo lugares que el otro.
10)Entender que no funcionó y no quemarse el cerebro que tubiera que haber hecho para que funcione.

Todas estas instrucciones son fáciles de comprender si las miramos desde una posición objetiva, lejos de nuestros zapatos. Cuando se está en el momento del hecho y es uno el único dueño de sus actos, es difícil tener la voluntad y la inteligencia de realizar lo que se debe. Los sentimientos, emociones y personalidad son los distintos atravesamientos que influyen a la hora de tomar decisiones. A lo que llaman mantener una postura políticamente correcta, no existe cuando se trata de relaciones; sean éstas físicas, espírituales, religiosas o imaginarias.