lunes, 16 de agosto de 2010

Avenues

No tengo el síndrome de Peter Pan ni mucho menos pero por momentos me pregunto cual es el exacto momento en que uno deja de decir “cuando yo sea grande”.
Lo bueno de ser chico es que uno tiene la libertad de predecir, cuando creces solo te queda la inevitable elección de vivir lo que te toca, sea o no la predicción que construiste.
No entiendo cuando se empieza aceptar que las cosas son como son, ni tan complicadas, ni tan simples, llanas, devastadoras, inútiles.
¿Es un día el que te despertas y te dejas de asombrar? ¿Es ese mismo día en el que el crimen, delito, catástofre te son indiferentes?
¿Porque se considera tan imposible un nuevo Borges en la literatura contemporánea?
¿Porqué la gente sigue repitiendo que ya no existe música como los Beatles, Redondos y Rolling Stones?
¿Realmente no hay nada más copado por crear?
Ya no hay tiempo, no el de antes, las horas son las mismas pero se invierten de manera diferente.  Las películas ya no se ven dos veces, los papas dejaron de intentar ser más papas para ser mas hombres, los chicos ya no van a los autitos chocadores porque tienen que ir a la psicopedagoga.
Y la realidad se encuentra desvirtuada, fraccionada en prioridades extrañas. Todo es moda, tendencia…lo que hace que las nefastas madres vistan a sus hijitas de 3 años iguales a ellas.
Ya Orson Welles con el ciudadano, nos había demostrado la dimensión de poder que tienen los medios de comunicación, como cada uno construye la noticia en la forma que quiere. ¿Pero esto nos da derecho a no creer en nada? Hoy ya nadie confía en Clarín ni en el gobierno, ninguna institución, organización abandona su interés personal por el general.
Nadie quiere tomar responsabilidad por nada, todos tratan de zafar, de ser mediocremente feliz. Los argentinos deportados desde Estados Unidos siguen intentando entrar a dicho país, la gente sigue comprando plasmas nada más que por que se los financian en cuotas, todos quieren y creen trazar una diferencia de los demás pero somos iguales.
A pesar de saber bien lo que queremos, dudamos. Robé de un guión una frase muy cierta: “las dudas ocupan demasiado espacio en la cabeza”. La indecisión es engañosa, forzosa, producto de la variedad de alternativas que se presentan y lo más frustrante es el abismo que existe entre éstas.  Hoy nadie tiene el privilegio de elegir por vos, entonces optas por escuchar lo que los demás harían, lo que siempre resulta racionalmente bien.
Y la vida termina siendo tan planeada, y nosotros tan soberbios que creemos manejarla pero después aparecen circunstancias que te hacen replantearte el sentido de tu mapa. Vas a un entierro y están todos pensando en cualquier cosa menos en el muerto, pero de pronto haces zoom y ves aquella persona que de verdad lo llora, ves dolor del que se personifica pocas veces. Es ahí cuando te das cuenta que el mundo no pudo haber sido creado por el Big Bang, y que no es necesario semejante explosión, fusión como para sentir algo.
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1 comentario:

Ainhoa dijo...

Pff gordi, que lindo volver a leer lo que escribís y cuánta razón tenés en esto.. te encontré de casualidad, te quiero!